El Blanco Eterno

Hace varios años me contrataron para escribir una película de ciencia ficción “dura”, es decir, no una de un ovni aterrizando en Comodoro Rivadavia, sino una en la que todo el fondo del tejido narrativo es completamente ficticio: Otro planeta, otros seres, otra física…

Después, claro, el “drama” como lo llamaría mi hija mayor, es totalmente local. No hay muchas alternativas en ese sentido. Parejas tienen motivos para separarse, padres aman a hijos… al final de día, la humanidad no tiene tantos colores de lápiz para pintar.

La película no prosperó, pero resucitó años más tarde en forma de serie de televisión, que se estrenará mañana. Se llama The Eternal White y fue dirigida por Christoph Behl (que si lo conozco un poco, debe tener Google Alerts seteadas a su nombre. ¡Hola Christoph!).

Fue muy divertido como fan de la ciencia escribir algo en lo que podia hablar de constelaciones y sistemas planetarios. No es algo muy habitual para el guionista argentino, a no ser que se dedique a las historietas.

Sin embargo lo que más disfruté fue inventar los nombres. Los nombres de personajes me parecen super importantes. Esto es algo totalmente personal, pero una historia donde los protagonistas se llaman Marcelo, Sofi y Ana para mi empieza con +5 en aburrimiento. En The Eternal White, libre de todo corsé, puede crear mis Carontes, Morrisons y Elas sin sentirme taaan snob.

Several years ago I was hired to write a “hard” science-fiction film, meaning not one about a UFO landing in Comodoro Rivadavia, but one where the entire fabric of the narrative world is fully invented: another planet, other beings, different physics…

Then, of course, the “drama,” as my older daughter would call it, is completely local. There aren’t many alternatives in that regard. Couples have reasons to break up, parents love their children… at the end of the day, humanity doesn’t have that many colored pencils to paint with.

The film never moved forward, but it was resurrected years later in the form of a TV series, which premieres tomorrow. It’s called The Eternal White and was directed by Christoph Behl (who, if I know him at all, probably has Google Alerts set to his name. Hi Christoph!).

As a science fan, it was great fun to write something where I could talk about constellations and planetary systems. That’s not very common for an Argentine screenwriter, unless you work in comics.

However, what I enjoyed the most was inventing names. Character names feel extremely important to me. This is entirely personal, but a story where the protagonists are named Marcelo, Sofi, and Ana starts off at +5 in boredom for me. In The Eternal White, free from all constraints, I could create my Carontes, Morrisons, and Elas without feeling too snobbish.

Explosión

No crean que no me di cuenta de que “auto-bombo” y “coche-bomba” son prácticamente la misma palabra. Desde hace ya un tiempo estoy en contacto con gente que simplemente adora dar una idea de sí misma que no es (Instagram es esto todo el tiempo, yo sé, pero en este caso se trata de personas (muchas, ¡muchísimas!) que son capaces de promulgar como un logro personal en el mundo audiovisual el hecho de que en 1997 devolvieron al videoclub una película bien rebobinada). Dicen que eso ayuda a crecer como profesional, pero yo siento que cualquier profesional, es decir, cualquier persona dedicada profesionalmente a la industria desde hace tiempo, puede oler el humo a kilómetros de distancia. Y que a final eso puede ser contraproducente.

Al mismo tiempo, me parece que lo que estoy haciendo es más bien proyectando mis propias inseguridades y taras emocionales en gente que al final, no está haciendo más que tratar de sobrevivir en un mundo ultra-competitivo. ¿Qué me importa, a fin de cuentas, lo que cada uno haga para salvar el pellejo?

Dicho esto, les cuento que Belén, la película en la que trabajé junto a Agustina San Martín, fue elegida por Argentina para poner en consideración frente a los Oscars. Y que El Método, una serie hecha con dos palillos de dientes y creada por Maximiliano Monzón, en la que también tuve algo de participación, está nada más y nada menos y nada más que nominada al Martin Fierro a la mejor ficción televisiva de este año. (El Martin Fierro son lo que los Emmys sueñan ser antes de despertar con sudores fríos y sin aire).

Tengo miles de cosas que podría decir para relativizar el impacto de mi trabajo en relación a estas noticias, pero por una vez en la vida aprenderé de estas personas que mencioné antes (una de ellas me llegó a proponer que sacáramos un comunicado de prensa….) y dejaré a este bombo ser tocado por mismo sin culpa ni vergüenza.

Don’t think I didn’t notice that “auto-bombo” and “coche-bomba” are practically the same word. For a while now I’ve been in touch with people who simply love projecting an image of themselves that isn’t real (yes, I know Instagram is all about this, but in this case we’re talking about people—many, so many!—who are capable of proclaiming as a professional achievement in the audiovisual world the fact that in 1997 they returned a VHS tape to the video store fully rewound). They say that helps them grow professionally, but I feel that any professional—meaning anyone who has worked in the industry for some time—can smell the smoke from miles away. And in the end, that can backfire.

At the same time, I think what I’m really doing is projecting my own insecurities and emotional hang-ups onto people who, in the end, are just trying to survive in an ultra-competitive world. Why should I care, after all, about what each person does to save their own skin?

That said, I can share that Belén, the film I worked on with Agustina San Martín, was chosen by Argentina to be put forward for Oscar consideration. And that El Método, a series made with nothing but toothpicks and created by Maximiliano Monzón, in which I also had some participation, is—believe it or not—nominated for this year’s Martín Fierro award for Best TV Fiction. (The Martín Fierro is what the Emmys dream of being before waking up in a cold sweat, gasping for air).

I have thousands of things I could say to downplay the impact of my work in relation to this news, but for once in my life I’ll take a lesson from the people I mentioned earlier (one of them even suggested we put out a press release…) and let this bombo beat itself, without guilt or shame.

Niñitos Waldorf/ Waldorf Children

Un año y medio trabajamos junto con Agustina San Martín en el guión de esta peli que se estrena mañana 18 de septiembre en Argentina, y que finalmente fue dirigida por Dolores Fonzi.

For a year and a half we worked together with Agustina San Martín on the script of this film, which premieres tomorrow, September 18, in Argentina, and was ultimately directed by Dolores Fonzi.

Podría contar mil experiencias de este, mi primer trabajo para una plataforma grande, a un nivel muy profesional, en el que realmente primó siempre la amabilidad, el respeto y la ética de trabajo (o sea, gente toda dedicada a que una cosa salga bien). La verdad me sorprendió un poco ver que ninguno de los cliches que uno podría imaginar de trabajar con un streaming yanqui mega gigante se cumplieron. De hecho, me han tratado mucho peor productores diminutos.

Cuando se confirmó que Dolores Fonzi iba a dirigir, se unió a Laura Paredes para hacer propio nuestro guion, como sucede siempre que entra un director nuevo a un proyecto. Pero queda mucho de las columnas que instalamos junto a Agustina después de un trabajo super arduo en el que a veces nos peleábamos como “niñitos Waldorf” (“Entiendo lo que me estás queriendo decir y lo respeto. Sin embargo, mi punto de vista es que…”).

Lo que más destaco de todo el proceso es cómo la peli surgió de un momento en el que participaba de una especie de hegemonía inexacta, para salir al mundo en una era en la que es completamente contracultural y necesaria. De ahí que la motivación para crear algo no puede ser nunca calculada. Tiene que surgir de lo que te revuelve las tripas, y después el mundo verá si está listo o no para escucharlo.

I could tell a thousand stories from this, my first job for a major platform, at a highly professional level, where kindness, respect, and work ethics always came first (in other words, everyone was truly focused on making things go well). Honestly, I was a bit surprised to see that none of the clichés one might imagine about working with a massive American streaming giant actually came true. In fact, I’ve been treated much worse by tiny producers.

When it was confirmed that Dolores Fonzi would direct, she joined Laura Paredes to make our script her own, as always happens when a new director comes onto a project. Still, much remains from the pillars Agustina and I built after a super intense process in which we sometimes argued like “Waldorf kids” (“I understand what you’re trying to say and I respect it. However, my point of view is that…”).

What I value most from the whole process is how the film grew out of a moment when it belonged to a kind of imprecise hegemony, only to come out into the world in an era where it feels completely countercultural and necessary. That’s why the motivation to create something can never be calculated. It has to come from what churns your gut, and then the world will decide whether it’s ready to listen or not.

Perseverancia / Perseverance

A nadie le gusta dedicar demasiado tiempo a algo que no le devuelve algún tipo de satisfacción. Estos días estoy leyendo centenares de comics de los años 60, y todos están plagados de publicidades que prometen que tendrás un cuerpo de Atlas, que aprenderás a tocar la guitarra, que harás mucho dinero vendiendo postales entre tus amigos, todo siempre en una semana. Así como la capacidad de atención en el presente pasó de la media hora standard de un programa de entretenimiento televisivo, a los 20 segundos de un TikTok, las promesas de aprender algo rápido se transformaron hoy en tips. Al demonio los sistemas de aprendizaje, incluso los creados por uno mismo, para hacer X solo tienes que mirar este breve video (y mejor si esperas hasta el final, porque te sorprenderás).

Cuando uno se inventa sus propios proyectos audiovisuales, hay un punto en el que se entusiasma. Como nadie va a darte plata por algo que existe solo en tu cabeza, tiene que llegar ese momento en el que te digas “Sí, esto puede estar bueno” y lo transformes en algo comunicable a otros. Incluso las personas con la autoestima por el piso atraviesan esa breve epifanía triunfal (lo digo por un amigo). Por eso siempre el siguiente paso, el de compartir esa idea, puede ser sumamente frustrante: por una cuestión matemática, no a todo el mundo le va a interesar tu serie sobre el pescador de Cartagena de Indias que es alérgico al pescado. Desde que en 2018 empecé a pensar que podía vivir de esto, habré desarrollado (es decir, le puse título, escribí una sinopsis, desarrollé personajes y tramas) a unos 15 proyectos audiovisuales, entre largos, cortos y series. De todos ellos, solo uno generaba un brillo automático en los ojos de la gente a la que se lo contaba, y ese es el proyecto que hoy en dia está más avanzado en su desarrollo y ha sido seleccionado por un buen puñado de mercados y laboratorios. De los demás, unos cinco han tenido una saludable tanda de aprobaciones (consiguiendo plata para su desarrollo, o participando también en mercados), otros los sigo teniendo en movimiento porque los considero muy personales y un último puñado tuve que dejarlos de lado, porque no conseguían interesar a absolutamente a nadie.

¿Pero cómo saber si un proyecto es incomprendido, o simplemente no está tan bueno? ¿Hay un rechazómetro que te indique cuando darte por vencido? ¿Y aplica a todos los proyectos? Porque ahora no se me ocurre ninguno, pero estoy seguro que ahí afuera hay un montón de historias del tipo “George Lucas presentó su idea de Star Wars a 123 productoras y fue rechazado en todas, hasta que un día le abrió la puerta muy amablemente a un hombre de traje que resultó ser el que le financió la película”, historias que por cierto nunca tienen en cuenta que por cada una persona perseverante con un éxito, hay cien mil perseverantes que no pudieron dejar de trabajar vendiendo seguros.

En mi caso particular, que cualquiera que vea mi Imdb se dará cuenta de que tampoco es que sea modelo de nada, hay una mezcla de:

1) Generar un callo en la piel para que los rechazos no duelan (tanto).
2) Nunca dedicarse a un único proyecto.
3) Hacer tantas presentaciones, que al final del día te olvides a dónde presentaste qué cosa.
4) Tener la humildad para entender que si a nadie le interesa algo, es probable que no sea muy interesante, pero…
5) …al mismo tiempo confiar en la emoción que te genera una historia, teniendo en cuenta la diferencia entre a) esta historia me genera emoción por la historia en si y b) me genera emoción porque cuenta algo que solo yo conozco y por eso me emociona.

Con respecto al punto 3, puedo compartir que en el año 2024, junto a mi socio y amigo Maxi hicimos más de 80 aplicaciones en todo el mundo, de las cuales 68 devolvieron el clásico correo de “lamentablemente”. Por cierto, mucho trabajo se ahorrarían los seleccionadores de programas de todo el mundo, si en lugar de un largo correo donde lloran por lo difícil que fue su selección, simplemente escribieran: “Estimado Nicolas. Lamentablemente. Saludos, Fulana”.

La perseverencia es una cualidad muy útil, y la confianza en uno mismo me dicen que también. Pero una sana dosis de aceptación de la realidad puede ayudarte no te digo a que te des por vencido, pero sí a que hagas un “doble check” de tu idea, analizando puntos débiles y redefiniendo estrategias.

Y si nada de esto te sirve, esperá a junio que voy a empezar a promover mi Curso para que Netflix haga tu serie en una Semana. ¡Éxito asegurado! (Suscripción a ChatGPT incluida en el precio final).

Nobody likes spending too much time on something that doesn’t give back some kind of satisfaction. These days I’m reading hundreds of 1960s comics, and they’re all crammed with ads promising you’ll get an Atlas body, learn to play guitar, or make lots of money selling postcards to your friends—all in just a week. Just as attention spans have gone from the standard half-hour of a TV show to the 20 seconds of a TikTok, the promises of quick learning have turned into tips. Forget about learning systems, even self-made ones: now to do X you just watch this short video (and better if you wait until the end, because you’ll be surprised).

When you invent your own audiovisual projects, there comes a point when you get excited. Since no one will give you money for something that only exists in your head, that moment has to arrive when you say to yourself, “Yes, this could be good,” and turn it into something you can communicate to others. Even people with rock-bottom self-esteem go through that brief triumphant epiphany (I say this on behalf of a friend). That’s why the next step (sharing the idea) can be deeply frustrating: mathematically speaking, not everyone will care about your series about a fisherman from Cartagena de Indias who happens to be allergic to fish. Since 2018, when I started thinking I could make a living from this, I must have developed (meaning I titled it, wrote a synopsis, created characters and storylines) about 15 audiovisual projects—features, shorts, and series. Out of all of them, only one made people’s eyes light up instantly when I pitched it, and that’s the project that today is most advanced in development and has been selected by a good handful of markets and labs. Of the rest, about five had a healthy run of approvals (getting money for development or participating in markets), others I keep alive because I consider them very personal, and a final batch I had to abandon because absolutely no one was interested.

But how do you know if a project is misunderstood, or if it’s simply not that good? Is there a “rejection-meter” to tell you when to give up? And does it apply to all projects? Because I can’t think of any right now, but I’m sure there are tons of stories out there like “George Lucas pitched Star Wars to 123 producers and got turned down by every one, until one day he kindly opened the door to a man in a suit and the man ended up financing the film.” Stories that, of course, never take into account that for every one persistent person who succeeds, there are a hundred thousand others who persevere and end up stuck selling insurance.

In my particular case—and anyone looking at my IMDb can see I’m hardly a role model—there’s a mix of:

  1. Growing a thicker skin so rejections don’t hurt (as much).
  2. Never focusing on just one project.
  3. Doing so many submissions that by the end of the day you forget where you sent what.
  4. Having the humility to accept that if no one is interested, it’s probably not very interesting, but…
  5. …at the same time trusting the emotion a story gives you, while distinguishing between a) the story itself moves me and b) it moves me because it’s about something only I know.

On point 3, I can share that in 2024, together with my partner and friend Maxi, we made over 80 applications worldwide, 68 of which came back with the classic “unfortunately.” By the way, selectors everywhere could save themselves a lot of work if instead of sending long emails about how hard the selection was, they just wrote: “Dear Nicolas. Unfortunately. Regards, So-and-so.”

Perseverance is a very useful quality, and self-confidence, I’m told, is too. But a healthy dose of acceptance of reality can help you—maybe not to give up, but at least to do a “double check” of your idea, analyzing weak points and redefining strategies.

And if none of this helps, just wait until June when I’ll start promoting my Course on How to Get Netflix to Make Your Series in a Week. Guaranteed success! (ChatGPT subscription included in the final price).

Mania a las series

Estuvimos con mi socio y queridísimo amigo Maxi en Series Mania, en Lille (Francia).

Miren, estos somos nosotros:

My partner and dear friend Maxi and I were at Series Mania in Lille, France.

Look, here we are:

Series Mania es un mercado de series. Productoras grandes con proyectos van a vender sus proyectos, grandes tanques de la industria europea van a buscar proyectos nuevos y hacer negocios entre ellos (para nosotros suena como cuando dos IA’s se comunican entre sí y de pronto dejan de usar texto y pasan a los sonidos ininteligibles), y en menor medida, productoras pequeñas van a tratar de hacerse notar, a conocer gente, lo que se dice, a “facciare il networking”. Este último es nuestro caso. Mil Monos fue elegida hace dos años para ir a pitchear nuestro proyecto Decibel, pero en un claro caso de “demasiado de una cosa siempre hace mal”, nos des-eligieron porque ese mismo año estábamos en la Berlinale, y no se podían las dos cosas a la vez. Nos quedamos con la sangre en el ojo y creo que se notó, porque estando en el Sanfic de Chile con otro proyecto, Nada, nos dieron el premio Series Mania, que constaba de sendas acreditaciones. Y así, estos dos muchachos nacidos debajo de un escritorio donde se producían campañas políticas llegaron a la bella y francesa ciudad de Lille.

Una vez en la Berlinale, una productora independiente norteamericana (esto es, una mujer que se dedicaba a producir) contó en una suerte de sincericidio (que a ella no le importó nada), que ella tenía una memoria prodigiosa para recordar rotros y cargos, y que en su cabeza ella tenía clasificada esa información por orden de utilidad. Si durante una fiesta, un cocktail, un desayuno de networking, la veías pasando tiempo con alguien, ese alguien debía estar alto en su monstruosa listita.

También he visto personas con proyectos que dedican cada segundo de su presencia en estos lugares a spamear en vivo a cada pope de la industria que se cruza en su camino. Para mi, su capacidad de Holquetalmellamear a personas desconcidas es lo más cercano que he visto a un superpoder en la vida real, y eso que yo vi en vivo a Bobby McFerrin.

Yo me creo una persona capaz de imaginarme cómo se viven las cosas desde cualquier punto de vista. Poniéndome en los zapatos de alguien fuerte en la industria, alguien que va a un mercado como Series Mania a cerrar negocios de millones de euros, me da la sensación que esa persona al acecho de su mirada, la que se saca la foto más cantosa para el Instagram, la que se le acerca y se presenta y le da su tarjeta de cartón y le da el “eleveitor pich” de su serie de 250.000 de budget mientras nuestro líder de la industria intenta llegar a su cita de hace cinco minutos, esa persona sólo puede molestarte. Me creí hace años las palabras de Steve Martin: Sé tan bueno que no puedan ignorarte.

Sin embargo, esa persona ha vendido ya una decena de formatos y series a distintos países del mundo, mientras que mi útimo crédito de algo empezado y terminado ha sido la serie web Limbo en el año 2018, esto es hace siete años para los cuarentones que están leyendo esto y se creen que el 2018 fue hace poquito.

Realmente no tengo una opinión formada para esto. Decir “odio el networking” siendo guionista (o queriendo ser productor!) es como ser cirujano y que te desmayes viendo sangre. Al mismo tiempo, uno viene cableado de fábrica con ciertas ideas de lo que es correcto, lo que es noble, principalmente lo que es humano, y me pregunto si habrá una forma de lograr lo que uno sueña recorriendo algún camino en el medio.

Series Mania is a TV series market. Big production companies with projects go there to sell them, major European industry players go to hunt for new projects and cut deals among themselves (for us it feels like when two AIs start communicating and suddenly drop text in favor of unintelligible sounds), and to a lesser extent, small production companies try to get noticed, meet people, and, as they say, “facciare il networking.” That last one is our case. Mil Monos was selected two years ago to pitch our project Decibel, but in a clear case of “too much of a good thing,” we were un-selected because that same year we were also in the Berlinale, and you couldn’t do both. We were left bitter, and I think it showed, because while in Sanfic in Chile with another project, Nada, we won the Series Mania prize, which came with two accreditations. And so, these two guys born under a desk where political campaigns were produced ended up in the beautiful French city of Lille.

Once at the Berlinale, an independent American producer (that is, a woman who worked as a producer) confessed in a kind of brutal honesty (she didn’t care at all) that she had a prodigious memory for faces and job titles, and in her head she had all that information ranked by usefulness. If at a party, cocktail, or networking breakfast you saw her spending time with someone, that someone was definitely high on her monstrous little list.

I’ve also seen people with projects spend every second at these events spamming, live, every industry big shot they happen to cross paths with. For me, their ability to Holquetalmellamear total strangers is the closest thing I’ve seen to a real-life superpower—and I’ve seen Bobby McFerrin live.

I like to think I can imagine what things feel like from any point of view. Putting myself in the shoes of someone powerful in the industry, someone at Series Mania to close multi-million-euro deals, I get the sense that the person hunting for their gaze, snapping the loudest Instagram photo, walking up to them with a cardboard business card and pitching their €250,000 budget series while our industry leader is already late for their meeting—that person can only annoy you. Years ago, I bought into Steve Martin’s words: Be so good they can’t ignore you.

And yet, that person has already sold a dozen formats and series to different countries around the world, while my last finished credit was the web series Limbo in 2018—which, for the forty-somethings reading this who still think 2018 was just yesterday, was seven years ago.

I don’t really have a clear opinion on this. Saying “I hate networking” as a screenwriter (or aspiring producer!) is like being a surgeon who faints at the sight of blood. At the same time, we’re wired from the factory with certain ideas about what is right, what is noble—mainly what is human—and I wonder if there’s a way to reach what you dream of by taking some kind of middle path.

Gore

Quise ponerme a ver series animadas de superhéroes “para adultos” que venían teniendo muy buenas críticas. Creature Commandos escrita por James Gunn, una de Harley Quinn e Invincible. Me sorprendió que el epíteto “para adultos” estaba casi únicamente justificado por ciertas escenas de sexo y mucha, mucha violencia explícita y exageradamente sangrienta. Después, los personajes, los conflictos, las relaciones, todo podría haber entrado perfectamente en la serie original de los X-Men en los años 90, pensada para “público infantil”.

Aunque eso de “pensar para público infantil” una cosa tiene su intríngulis. Un director de cine con el que trabajo hace años, que admira desde adolescente a Tarkovski y se enorgullece de no haber visto blockbusters famosos, está intentando desde hace un tiempo introducirse en el mundo de los géneros. No “el género” entendido como esas películas que imitan con mucho menos presupuesto a otras películas casi siempre de terror y casi siempre estadounidenses, sino los géneros, el conunto de reglas y temas que aglutinan un tipo de historias. El western, el noir, la ciencia ficción, cajitas que tienen una serie de juguetes, un libro de instrucciones y algo de lo que quieren hablar. Cuestión que este director de cine empezó a ver cosas que nunca había visto: Indiana Jones, Karate Kid, Rápido y Furioso, y aunque después en el trabajo está claro que logra aplicar parte de las reglas que aprende viéndolas, no logra evitar siempre una sonrisa de costado. Para él, son películas estúpidas, pero tal vez pensando que si me lo dice así me ofenderá, las llama “infantiles”.

Y eso me ofende más.

Hacer algo “para niños” tiene que parecerse a hablar con un niño. Vos podés entretenerlo durante un ratito haciendo piruetas, cegándolos con luces y ruido y música y chistes de pedos, pero si querés generar una conexión emocional, si querés saber qué siente, qué lo conmueve, si querés que te escuche, mejor sentarte a su altura y conversarle. Como diría Les Luthiers, casi podríamos decir que ese niño es un ser humano, y si lo tratás como tal, es probable que él haga lo mismo con vos. Películas hediondas tienen muchas veces críticas del tipo “el guión es básico, las escenas de acción dan epilepsia y el mensaje lleva al suicidio, pero entrentendrá a los más pequeños”. Los más pequeños merecen ser entretenidos con algo más que tu mínimo esfuerzo.

I tried watching some of the recent “adult” animated superhero series that have been getting great reviews—Creature Commandos written by James Gunn, a Harley Quinn one, and Invincible. What surprised me was that the “adult” label seemed almost entirely justified by a few sex scenes and lots and lots of explicit, over-the-top bloody violence. Beyond that, the characters, conflicts, and relationships could have easily fit into the original X-Men cartoon from the ’90s, which was aimed at a “kids’ audience.”

Although “aimed at kids” is its own tricky category. A film director I’ve been working with for years, who has admired Tarkovsky since his teens and prides himself on never having seen famous blockbusters, has lately been trying to get into the world of genres. Not “genre” as in those low-budget imitations of American horror films, but genres—the sets of rules and themes that cluster certain kinds of stories. Western, noir, sci-fi—little boxes filled with toys, an instruction manual, and something they want to say. So this director started watching things he’d never seen before: Indiana Jones, The Karate Kid, Fast & Furious. And while it’s clear in his work that he does absorb some of the rules from these films, he can’t help smirking. To him, they’re “stupid movies,” but maybe thinking I’d take offense if he said that outright, he calls them “childish.”

Which offends me more.

Making something “for kids” should be like talking to a child. You can distract them for a moment with tricks, blinding them with lights and noise and fart jokes, but if you want to create an emotional connection, if you want to know what they feel, what moves them, if you want them to listen, you’d better sit at their level and talk to them. As Les Luthiers would say, you could almost say that child is a human being, and if you treat them as such, they might just do the same with you. Many dreadful movies get reviews along the lines of: “the script is basic, the action scenes induce epilepsy, and the message is suicidal—but it’ll entertain the little ones.” The little ones deserve to be entertained with more than your bare minimum effort.

Ahorrame los detalles

En el último laboratorio de desarrollo de proyectos al que asistí en una ciudad italiana que no sé por qué me cuesta recordar el nombre (¿Padua? ¿Pav— algo con P), había un señor de Montenegro que tenía un proyecto de serie animada que giraba todo alrededor de las conversaciones entre un padre y su hijo. Era la adaptación de un libro que solo él había leído (el autor era amigo suyo) y era gracioso porque su estilo de presentarlo era seco y espartano: “Es un hombre que tiene un hijo y hablan. Y la serie son esas conversaciones”. Silencio. Había que ir haciéndole preguntas para lograr entender exactamente qué tenía en mente, cómo visualizaba no te digo la estética de la serie, sino su totalidad: ¿son dos personas que charlan nada más? ¿Mientras tanto hacen otras cosas? ¿Es graciosa, es triste, es algo en el medio? ¿Está pensada para niños o para adultos? El tipo de a poco iba soltando información y al final dejó ver lo que yo entendí era la premisa: Los niños necesitan enfrentarse a la realidad. Si el mundo es un caos, si hay peligros, riesgos, si están pasando cosas malas, ellos necesitan saber que eso está sucediendo. Protegerlos de lo malo solo los termina insensibilizando.

Yo me acordé enseguida de momentos en mi infancia en los que mi madre me respondía las preguntas con una franqueza tan desmedida, que me dejaba a veces en shock. Desde la definición exacta de lo que era “un condón” hasta por qué ese muchacho que me cuidaba no venía más a casa (“lo secuestraron, torturaron y asesinaron”), mi mente de siete u ocho años quedaba sacudida hasta la médula. Entonces intenté moderar el discurso del señor montenegrino, diciendo que decirle todo a un niño no es necesariamente educar. Enseguida me di cuenta de que es un argumento que puede sonar extraño, uno parece estar defendiendo la idea de “sobreproteger” a los hijos, algo que despierta la irrefrenable necesidad de algunas personas de explicarte que los chicos, quieras o no, se enfrentarán a la real realidad tarde o temprano.

Entonces… ¿les sacamos las curitas desde chicos, para que entiendan que el dolor será inevitablemente parte de sus vidas? ¿Le ponemos azúcar a todo lo que lo rodea, para que al menos disfrute de esos únicos años de inocencia antes de que se les caiga el mundo encima? ¿O vamos dándole la idea del dolor en cómodas cuotas? A fin de cuentas, el mundo de nuestro hijos es lo que nosotros construimos para ellos. ¿Es realmente necesario que se parezca tanto al mundo de afuera, ese que no podemos controlar?

En mi experiencia personal, la edulcoración de la realidad es una forma de traición de la confianza de nuestros hijos, que es nuestro bien más preciado como padres, la soja de nuestro 2011. La Vida es Bella es una peli que me hizo reír un montón cuando la vi, y me parece que la premisa es muy divertida, pero desde el punto de vista educativo es un desastre. Se me ocurre que en el futuro, el hijo de Roberto Benigni debe haber terminado negacionista del holocausto. “Nada que ver lo que dicen de Auschwitz, se vivía bien si no te importaba trabajar, yo estuve”. Compartir la verdad es importante, por horrible que sea. Al mismo tiempo, decir cada cosa que tenemos en la cabeza, creyendo que con eso estamos compartiendo la verdad es engañoso. Principalmente porque lo que tenemos en la cabeza no es ninguna “Verdad”, si no nuestra perspectiva de los hechos. Una de las cosas más shockeantes de tener hijos grandes, es que esa perspectiva, por definición, no es la misma que tienen ellos. Cada verdad es en realidad una visión atravesada por lo que nuestros sentidos -con sus limitaciones- pueden comunicarnos, y lo que nuestro cerebro -con las suyas- interpreta. Por eso al final, el tema de decir la verdad o mentir piadosamente está en las formas, en el cómo. Si sabemos cuánto espacio hay en los cajones del cerebro de nuestra hija, sabremos que antes de meter cien toneladas de peso emocional, mejor ir dando una idea general más liviana, que a su vez vaya abriéndole nuevos cajones donde meter lo cada vez más complejo.

Para eso, claro, no queda otra que tener ganas de pasar el tiempo con ellos, de escucharlos y darle espacio a sus emociones. La presencia es acción, y la acción es lo único real.

Mientras tanto, alguien tendría que escribir esa secuela a La Vida es Bella en la que el niño de grande se hace neo-Nazi.

Qué cosa el paso del tiempo

No sé cómo conviven dentro mío el niño que fui y está tan vivo y atento a todo lo que pasa como en 1987, el adolescente confundido, perdido, fallado que fui en los años 90, el joven con sed de vida de los años 2000 y el padre de una adolescente de casi 18 años y una niña de 9 que soy hoy.

Pero claro… ¿quién no es un montón de gente al mismo tiempo? O tal vez entiendo mal, y la gente centrada y madura, la que sabe arreglar la tapa del inodoro y no tiene miedo de andar en auto, esa gente vive de a uno por vez. Fueron niños, luego dejaron de serlo para ser adolescentes, luego dejaron de serlo para vivir una juventud plena, que también dejaron atrás para ser adultos de bien.

Yo no. Yo soy una mermelada. Mi consciencia es eterna, en el sentido de que habita un presente constante. Puedo estar lavando los platos y sentir cuatro o cinco cosas al mismo tiempo, cada una de un momento distinto de mi vida.

Y ninguno es el futuro.